Parte I:
Isis es una gata de 4 años, raza común europea como se denomina aquí a los gatos que no pertenecen a ninguna raza determinada, intervenida quirúrgicamente en dos oportunidades. Vive con dos personas adultas y dos perros, en una casa en la que, además de vivienda, funciona un pensionado para caninos.
Llega al consultorio de etología clínica porque desde hace meses ataca muy agresiva e imprevistamente a perros, conocidos o no, y si alguien se interpone recibe arañazos y mordidas que producen heridas tan importantes que requieren tratamiento con antibióticos.
La agresividad de Isis lleva bastante tiempo de evolución pero en su inicio no llamó la atención a los propietarios ya que generaba lesiones leves, y no se percataron de que su malestar empeoraba día tras día.
Hoy Isis pasa mucho tiempo encerrada bajo llave en una habitación, porque de lo contrario salta sobre el picaporte y escapa generando temor en sus propietarios e incluso en los perros de la casa que la respetan y se corren del lugar para dejarla pasar. Mientras permanece aislada maúlla y golpea sin descanso la puerta, y solo se apacigua recostada sobre el regazo de su propietaria a quien está muy apegada.
La familia recibe frecuentemente visitas, Isis se acerca a ellas y les frota su cuerpo sobre las piernas, parece amigable porque acepta algunas caricias, que si son excesivas hacen que arañe o muerda sin autocontrol.
La propietaria me comenta: “nunca fue copada, si no la molestaban todo bien, de lo contrario atacaba con arañazos y soplidos, pero antes no transformaba la cara como ahora que parece endemoniada, actualmente cambia la mirada y se abalanza como si estuviera loca”.