Finalizó Diciembre, mes esperado y pleno de encuentros… Otro año se fue.
Los estudiantes están en casa y cambian la rutina del hogar. La vida del perro o gato de la familia también se modifica.
Si es sociable, estar más tiempo acompañado y entretenido mejorará su estado anímico. Si no lo es, el movimiento a su alrededor incrementará su ansiedad y pasará más tiempo escondido o con mal humor.
El clima invita a pasear y se planifican las merecidas vacaciones, la duración, el destino… Se piensa en compartir, o no, la aventura con el compañero de vida.
La decisión suele ser distinta si se trata de perro o gato. También si hay más de un animal, no goza de buena salud o es viejito.
El felino se adapta a vivir solo, es ordenado y dentro de la casa adonde habita tiene su propio espacio bien organizado. Cualquier cambio, aunque sea imperceptible, modifica el territorio y altera su equilibrio emocional. Entonces, si las vacaciones serán cortas, es preferible no llevarlo porque necesitará varios días para armonizar su nuevo lugar y reconocerse en él.
Si el compañero es un canino hay más opciones: viajar con él, dejarlo en la casa al cuidado de alguien confiable y con quien tenga buena relación, o en un pensionado con referencias.
Él pertenece a una especie social y rutinaria. Si se quedará en la casa no debe pasar muchas horas solo y hay que respetar sus rutinas de alimentación, juego y paseo para no alterar su bienestar.
Si su destino es un pensionado, debe visitarlo varias veces antes de quedarse allá en forma definitiva, necesita habituarse al lugar, y a las personas y animales con quienes convivirá los próximos días. Él no comprende la causa del abandono y en consecuencia puede sufrir miedo y ansiedad.
Si la decisión es llevarlo y el viaje se realizará en automóvil, es indispensable evaluar si está acostumbrado. Si es así dormirá gran parte de la travesía, aunque será necesario realizar paradas para que se distraiga, camine y juegue. Si no lo está, es recomendable hacer previamente excursiones cortas para que se habitúe a su movimiento.
El jadeo o babeo, la inquietud, los vómitos… indican que siente miedo. Puede convenir administrarle antes de iniciar el viaje un medicamento, indicado por el médico veterinario.








